La mujer del vestido malva mato a Leslie Howard (1951)

La mujer del vestido malva mató a Leslie Howard

por Sholto Adams

Un ex funcionario britanico dice que la muerte del “astro” fue una venganza

Han pasado casi ocho años desde la trágica desaparición de Leslie Howard y el velo de miterio que rodeo su último vuelo no se ha disipado nunca. Muchos han intentado encontrar una solución plausible. De modo que puede decirse que, alrededor de la muerte del gran actor inglés existe una dosis de literatura que — por el ingenio de las reconstrucciones y la abundancia de fantasía — no tiene nada que envidiar a los más renombrados clásicos de la literatura policíaca.
Aunque el recuerdo de sus interpretaciones en “La Pimpinela Escarlata”, “Romeo y Julieta”, “El Bosque Petrificado”, “Intermezzo”, etc., dista mucho de haber palidecido en la mente de los espectadores, la reciente presentación en Europa de “Lo que el viento se llevó” a servido para renovar la admiración que el público experimentó siempre para el que fué tan magno actor.
No hace muchas semanas un ex funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico ha dado a la publicidad ciertas revelaciones que podrían ser la clave del misterio de la desaparición de Leslie Howard.
Ante todo, conviene evocar brevemente los hechos. En mayo de 1943, “La Pimpinela Escarlata”, como le llamaban algunos, había visitado la península ibérica, dando en Barcelona, Madrid y Lisboa, una serie de conferencias patrocinadas por el British Council — el organismo que cuida en Inglaterra de la protección a las empresas de carácter cultural. Durante el viaje de vuelta, unos aviones de caza alemanes esperaron en el camino al inerme avión del servicio civil Lisboa-Londres y con unas cuanta ráfagas de ametralladora lo hundieron para siempre en el mar. Era la primera vez que aparatos militares alemanes atacaban un aeroplano de linea inglés. Y fué también la última. Un episodio tan lamentable no pudo sino despertar vastos comentarios. Se intentó buscar una justificación militar del hecho y las primeras versiones sacaron a relucir el nombre de Winston Churchill, primer ministro británico del momento. En aquella época, el gran estadista se encontraba en el África del Norte. Los alemanes sabían que su regreso a la Inglaterra era inminente. Algunos de sus agentes habían observado al parecer, en el aeropuerto de Lisboa la figura de un caballero más bien recio con un gran cigarro en la boca. Lo vigilaron y apenas le vieron subir la escalerilla del aparato se precipitaron sobre sus radios clandestinas para dar la noticia al Gran Cuartel General alemán.
En pocas palabras, el célebre cigarro había despistado a los expertissimos espías al servicio de Alemania. La continuación de la aventura — siempre según esta primera versión — es fácil de imaginar. Las autoridades alemanes consideraron la información como caída del cielo y mandaron inmediatamente una patrulla de veloces cazas armados a atajar la recta del avión civil. Cocerlo a balas fué un juego de niños.
Esta solución, incluso en un principio, pareció a todo el mundo demasiado fácil e incluso poco digna de crédito. El mismo Churchill, a pesar de haber encargado su expresara su pésame personal a la viuda de su infortunado sosias, expresó sus dudas sobre la veracidad de la versión. ¿Era posible que los alemanes consideraran al primer ministro tan ingenuo como para servirse del avión de linea, cuando tenía a su disposición la entera flota aérea aliada?
A pesar de estas interrogaciones, el relato de la equivocación provocada por el célebre puro, gustó a la imaginación popular y por mucho tiempo la tragedia de Leslie Howard y sus compañeros, ha quedado archivada como asunto resuelto. Sin embargo, un ex funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, Neville Kearney, ha traído ahora de nuevo la luz, “el drama de la linea Lisboa-Londres”, revelando algunos particulares desconocidos hasta el presente.
Mister Kearney dirigía, en la primavera del 1943, una sección del British Council y se encontraba en Lisboa en los días en que Leslie Howard debía emprender su último viaje. En la capital portuguesa Kearney conoció también al presunto socias de Churchill, el cual era en realidad un especialista en operaciones financieras, enviado por la Tesorería británica para realizar una misión en los país ibéricos. Se llamaba Alfred Chenhalls y era un viejo amigo de Leslie Howard, con el cual se había encontrado en Madrid. Juntos habían realizado el viaje hasta Lisboa y juntos habían decidido regresar a Inglaterra.Durante su estancia en Lisboa, mister Kearney tuvo la ocasión de entrevistarse con ellos. Fué precisamente una noche, cuando los tres estaban tomando el aperitivo en el bar del hotel, cuando mister Kearney observó a una bellissima dama húngara — con un vistoso y singular vestido malva — atenta a escuchar la conversación. Al informarse cerca del embajador inglés en Lisboa, sus sospechas se confirmaron: se trataba de una peligrosa espía al servicio de Alemania. El celoso funcionario no olvidó poner en guardia a Leslie Howard y a su amigo el financiero. Pero el actor no dió gran importancia a la cosa. Levantando los hombros repuso. “La guerra se hace con las armas y no con las cámaras cinematografícas. ¿Qué puede interesarles a los alemanes el intérprete de los dramas de Shakespeare?” Y como en aquel momento se acercara una vez más la fatal dama húngara — con un vestido color malva –, Leslie añadió sonriendo: “Pues sí. Voy a abandonar este oasis de paz, para regresar a casa en el avión que sale pasado mañana a las nueve treinta.”
El pobre mister Kearney, ante tamaña imprudencia, sintió acudir a su frente un sudor frío. Interrumpió inmediatamente la conversación e hizo signo a Leslie Howard de que le siguiera a su habitación. Allí, el escandalizado funcionario intentó convencer al actor de que cambiara el horario de su partida. Pero Leslie siempre con su tranquila e imperturbable sonrisa, le atajó: “Apreciado señor Kearney, usted quiere atribuír a mi persona una importancia que no tiene. ¿Se imagina usted que los alemanes despilfarrarían una sola bala por mi, que no he vestido jamás uniforme militar y que he sido clasificado inútil para el servicio de las armas?” Y ya en plan conversacional, el actor inglés confió a su desolado consejero que unicamente una vez un caudillo nazi le hizo comprender que lo detestaba. Unos años antes de la guerra, encontrándose en Berlín y habiendo tratado amistad con una actriz alemana, esta — que gozaba el favor del ministro Goebbels — le había confiado que el jefe de propaganda nacionalsocialista — puesto al corriente de su amistad con Howard — habiase manifestado altamente indignado.
A este incidente de carácter particular, mister Kearney añade lo de la pelicula “Pimpinela Smith”. Se trataba de una película antinazi, interpretada por Leslie Howard, en la que se hacia burla del ministro Goering — interpretado por el actor Francis L. Sullivan –. Al estreno de esta pelicula, los jefes del Reich indignadísimos, habían puesto en su lista negra el nombre de Leslie Howard. El ataque al avión inglés –según el ex funcionario del “Foreign Office” –, no seria más que una consecuencia de estos hechos.
¿Será esta la última y verdadera versión del trágico suceso?

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